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Poesía

— Laura Estrada

Poesía

— Laura Estrada

Cuento

— Agustina Sánchez

30/07/2021

Despertador a las seis

La gente mañanera gruñe. Se les nota hasta con la mascarilla puesta. El timbre ronco de unas cuerdas vocales que no se han terminado de desempolvar colorea los "buenos días" y los "disculpa, permiso", pero el brillo de las miradas delata una impaciencia que solo puede ir desafilándose a lo largo del día. El ceño fruncido y el silencio tenso son la marca del tráfico de los que amanecen, el ojo del huracán en el que no pensaba que me volvería a encontrar. El mundo me ha lanzado de nuevo a las primeras horas de la jornada, con los hombres y mujeres acostumbrados a agarrarlas por el cuello.

 

Después de varios años llevando a cabo la mayoría de mis tareas diarias pasado el mediodía, es como haber vuelto a un lugar que llevaba años sin ver. Los recuerdos de aquellos momentos puntuales parecen sueños; es lo que pasa cuando vives lanzándote a la calle sin haber despertado del todo. Si no se trataba de asistir a una clase con el desayuno atragantado, siempre había un trabajo suelto o una diligencia

de fin de semana que lo arrancaba a uno de los brazos de Morfeo cuando el sol todavía no se asomaba. El mejor de los casos era un viaje temprano a la playa, única instancia en que el cuerpo no pesaba tanto a esas horas.

 

Desde entonces, hay detalles de hoy que se parecen a aquellas memorias: las caras que se arrugan en cámara lenta en un bostezo más o menos ruidoso, los estudiantes que cuchichean preocupados por llegar tarde y el trote pausado que representa el único ejercicio de algún caballero de mediana edad...

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